El tiempo es tiempo
Paso demasiado tiempo desde mi última llegada a Auckland. Ya va casi un mes y medio desde que empecé a trabajar de programador. La vida se fue llenando de rutina. Una rutina que ya disfrutaba estando en Baires y que ahora tiene el upgrade de no tener que ir a la facultad. Entro a ITL a las 8:30 y salgo 17:30 de lunes a viernes. Durante el día el relajado ambiente laboral neocelandés se hace notar con sus 2 recreos de te: uno a las 10 y el otro a las 15. El almuerzo tipo 13 pasa tranquilo. En vez de laburar parece que vengo a comer. Parece que los recreos son los cortos plazos en que estoy sentado frente a la PC. El viaje de ida y vuelta consta de 20 metros caminando por un sendero interior en la manzana. Mis compañeros son, además de hindúes, muy buena gente. Siempre bien dispuestos y mucho mas cálidos que los kiwis. Mi jefe es un tipo increíble, inteligente y sabio. Pocos he conocido así.
El embale en el fútbol que tuve en Keri fue casi extinguido por un equipo local. Llegué con todas las pilas, todas las ganas. Quería entrenar, ser uno mas, divertirme. Pero contra todas mis expectativas resultó que caí (al azar) en un mal club. El entrenador era un tipo totalmente arrogante y soberbio que jugaba el fútbol mas aburrido jamás visto en este planeta. Muchos jugadores viejos, típicos camarilleros, copaban la cancha y no podían correr más de 30 minutos. No me asombraría que alguno sufra un ataque al corazón (la puta que los parió).Después de un par de fechas de jugar pocos minutos o no jugar (hasta hice de lineman en un partido) lo dejé para bien. Próximamente me pondré en campaña para encontrar otro.
Sin ninguna duda el cambio más grande fue el auto. El Blanco. Un poderoso Honda Civic del ´89 es ahora mi vehículo. Atrás quedaron los tiempos de colectivo y dedo. Desde ahora un Yesito (caniche toy blanco y pequeño, mascota en Argentina, cuidador como pocos, peligro inminente) ruge en las calles de Auckland. Este auto me hizo posible las idas a entrenamiento y los constantes viajes al centro (12 km distante) a visitar a mis amigos del Oceanic. Jamás hubiese imaginado la complejidad de las calles. Hay casi tantos nombres como en las ciudades más grandes pero las calles tienen cuanto más algunas cuadras en general. No son manzanas cuadradas y suben y bajan al mejor estilo montaña rusa. A tal punto es complejo que un día después de preguntar varias veces como llegar a mi calle me compré una guía. Me va a ahorrar bastante en nafta, ¡es un afano acá! Sale como 3 pesos el litro de común.
La verdad que ahora la vida es fácil y feliz. Uno va, trabaja, cobra y vive bien. No solo hablando de plata pero a nivel stress también. Es tranca, distendido. Los viernes y sábados frecuento El hostel donde nos juntamos con la gente de allá y algunos otros que, como yo, ya no viven más ahí pero siguen yendo. Generalmente sale “The Met” a eso de las 2 hasta las 6 (o lo que dé). Es un boliche muy copado con DJs en vivo, joda en vivo y mujeres en vivo (Aclaración: no es un porno!). Más de un sábado me he quedado a dormir en el Oceanic porque acá la cana es jodida si te agarran medio chupado. Cada tanto tienen esos controles que le tenés que hablar al micrófono. Gracias a Dios no tuve ningún problema. Solo un día tembló mi suerte. Habiendo terminado de parar en un semáforo diviso todos los posibles caminos ocupados con puestos de policías, incluso si giraba en U había un auto que, obviamente, paraba a todos los que hacían eso. La única esperanza era doblar a la izquierda. No veía si había o no pero bue…Quien carajo me mandó a volver manejando esa madrugada pensaba. Ahora voy a tener que apelar a la famosa inmunidad extranjera. Cuando te preguntan algo hablas en castellano, alegando no saber inglés y con un poco de voluntad del policía te dice que sigas y que no te quiere volver a ver. La multa incluye quita del auto y del registro por un mes o algo así. Se enciende la luz verde, doblo y ahí otro de esos patrulleros en el camino. De pronto un auto me pasa. Inmediatamente el ocioso policía para a dicho auto y queda ocupado mientras paso yo. “Uhhh…”
Larga vida a la reina de Inca la Perra por su cumpleaños y el fin de semana largo que causó. Así es. Este último finde fue largo y me fui con unos amigos a conocer la capital: Wellington. Juan pampeano, Frodo y Luis fueron la compañía. Un relámpago blanco atravesó la isla norte. Bajamos por la 1 pasando por Rotorua, donde los gases salen de la tierra, de las alcantarillas, de todos lados. Un bao oliendo a azufre cubre la ciudad. Próxima parada fue Taupo y su hermoso lago. Poco tiene para envidiar esta isla a la patagonia argentina. Los paisajes y la vegetación son muy parecidos. Durante el viaje, en una de esas charlas importantes que se dan en los viajes, esas habladas por gente que, por cansada o por tranquila, puede ver mas allá se develó un secreto mahorí. La religión tan secreta que hoy practican los mauricios (mahorí en español, sobretodo para no ser entendido) fue develada. Puede ser de poca importancia esto para la gente de Argentina pero ni los más grandes sociólogos han sabido ver la verdad acá. La religión: el motor que mueve el comportamiento de la gente nativa hoy está marcado por 2 cosas. Estas son el hip-hop y las vans. Nada más para decir. Pocos lo sabrán entender. Allá la pasamos de 10. Alojados en la casa de Rin, un argentino, acompañados de gente copada, conocimos una ciudad hermosa y fría. Paseamos, fuimos vinimos, sacamos mil fotos, celebramos Pentecostés y la alegría de vivir. Después de un par de días ahí emprendimos la vuelta. Solamente Juan y yo volvimos. El destino del resto seguía por otros pagos. La ruta de vuelta visita el Mt. Rapheu, centro de ski de esta isla norte, otro de esos lugares que se zarpan de copados. Subimos y comimos unos sanguches ahí. El resto fue fácil, casi de memoria, casi dormido…No son pocas 12 horas de viaje entre tantas paradas.
Hoy estoy de vuelta en Auckland. Todavía limpio y ligero gracias al huracanado viento de Wellington. Parece que El Espíritu hubiera bajado de veras en esos montes que visitamos.
En cuanto me acuerde de más cosas las cuento. Por ahora subo más fotos.
El embale en el fútbol que tuve en Keri fue casi extinguido por un equipo local. Llegué con todas las pilas, todas las ganas. Quería entrenar, ser uno mas, divertirme. Pero contra todas mis expectativas resultó que caí (al azar) en un mal club. El entrenador era un tipo totalmente arrogante y soberbio que jugaba el fútbol mas aburrido jamás visto en este planeta. Muchos jugadores viejos, típicos camarilleros, copaban la cancha y no podían correr más de 30 minutos. No me asombraría que alguno sufra un ataque al corazón (la puta que los parió).Después de un par de fechas de jugar pocos minutos o no jugar (hasta hice de lineman en un partido) lo dejé para bien. Próximamente me pondré en campaña para encontrar otro.
Sin ninguna duda el cambio más grande fue el auto. El Blanco. Un poderoso Honda Civic del ´89 es ahora mi vehículo. Atrás quedaron los tiempos de colectivo y dedo. Desde ahora un Yesito (caniche toy blanco y pequeño, mascota en Argentina, cuidador como pocos, peligro inminente) ruge en las calles de Auckland. Este auto me hizo posible las idas a entrenamiento y los constantes viajes al centro (12 km distante) a visitar a mis amigos del Oceanic. Jamás hubiese imaginado la complejidad de las calles. Hay casi tantos nombres como en las ciudades más grandes pero las calles tienen cuanto más algunas cuadras en general. No son manzanas cuadradas y suben y bajan al mejor estilo montaña rusa. A tal punto es complejo que un día después de preguntar varias veces como llegar a mi calle me compré una guía. Me va a ahorrar bastante en nafta, ¡es un afano acá! Sale como 3 pesos el litro de común.
La verdad que ahora la vida es fácil y feliz. Uno va, trabaja, cobra y vive bien. No solo hablando de plata pero a nivel stress también. Es tranca, distendido. Los viernes y sábados frecuento El hostel donde nos juntamos con la gente de allá y algunos otros que, como yo, ya no viven más ahí pero siguen yendo. Generalmente sale “The Met” a eso de las 2 hasta las 6 (o lo que dé). Es un boliche muy copado con DJs en vivo, joda en vivo y mujeres en vivo (Aclaración: no es un porno!). Más de un sábado me he quedado a dormir en el Oceanic porque acá la cana es jodida si te agarran medio chupado. Cada tanto tienen esos controles que le tenés que hablar al micrófono. Gracias a Dios no tuve ningún problema. Solo un día tembló mi suerte. Habiendo terminado de parar en un semáforo diviso todos los posibles caminos ocupados con puestos de policías, incluso si giraba en U había un auto que, obviamente, paraba a todos los que hacían eso. La única esperanza era doblar a la izquierda. No veía si había o no pero bue…Quien carajo me mandó a volver manejando esa madrugada pensaba. Ahora voy a tener que apelar a la famosa inmunidad extranjera. Cuando te preguntan algo hablas en castellano, alegando no saber inglés y con un poco de voluntad del policía te dice que sigas y que no te quiere volver a ver. La multa incluye quita del auto y del registro por un mes o algo así. Se enciende la luz verde, doblo y ahí otro de esos patrulleros en el camino. De pronto un auto me pasa. Inmediatamente el ocioso policía para a dicho auto y queda ocupado mientras paso yo. “Uhhh…”
Larga vida a la reina de Inca la Perra por su cumpleaños y el fin de semana largo que causó. Así es. Este último finde fue largo y me fui con unos amigos a conocer la capital: Wellington. Juan pampeano, Frodo y Luis fueron la compañía. Un relámpago blanco atravesó la isla norte. Bajamos por la 1 pasando por Rotorua, donde los gases salen de la tierra, de las alcantarillas, de todos lados. Un bao oliendo a azufre cubre la ciudad. Próxima parada fue Taupo y su hermoso lago. Poco tiene para envidiar esta isla a la patagonia argentina. Los paisajes y la vegetación son muy parecidos. Durante el viaje, en una de esas charlas importantes que se dan en los viajes, esas habladas por gente que, por cansada o por tranquila, puede ver mas allá se develó un secreto mahorí. La religión tan secreta que hoy practican los mauricios (mahorí en español, sobretodo para no ser entendido) fue develada. Puede ser de poca importancia esto para la gente de Argentina pero ni los más grandes sociólogos han sabido ver la verdad acá. La religión: el motor que mueve el comportamiento de la gente nativa hoy está marcado por 2 cosas. Estas son el hip-hop y las vans. Nada más para decir. Pocos lo sabrán entender. Allá la pasamos de 10. Alojados en la casa de Rin, un argentino, acompañados de gente copada, conocimos una ciudad hermosa y fría. Paseamos, fuimos vinimos, sacamos mil fotos, celebramos Pentecostés y la alegría de vivir. Después de un par de días ahí emprendimos la vuelta. Solamente Juan y yo volvimos. El destino del resto seguía por otros pagos. La ruta de vuelta visita el Mt. Rapheu, centro de ski de esta isla norte, otro de esos lugares que se zarpan de copados. Subimos y comimos unos sanguches ahí. El resto fue fácil, casi de memoria, casi dormido…No son pocas 12 horas de viaje entre tantas paradas.
Hoy estoy de vuelta en Auckland. Todavía limpio y ligero gracias al huracanado viento de Wellington. Parece que El Espíritu hubiera bajado de veras en esos montes que visitamos.
En cuanto me acuerde de más cosas las cuento. Por ahora subo más fotos.

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